Alejandra Valverde Alfaro (Costa Rica, 1986)
De profesión filóloga, vecina de la comunidad de Sarchí. Desde hace algunos años trabaja en su pueblo para crear y darles seguimiento a espacios culturales inclusivos, con la convicción de la capacidad creadora que hay en cada ser humano.
Ha participado en diferentes espacios de poesía, como el I Encuentro de la Espera Infinita (Honduras, 2019) y el II Festival Centroamericano de Poesía en Chiquimula (Guatemala, 2018). En 2016 fue coganadora en el concurso para poetas menores de 30 años en el Festival Internacional de Poesía de Costa.
Días sentados (2016) es su poemario publicado con el Proyecto Editorial La Chifurnia; sus textos también se encuentran en otras antologías nacionales e internacionales.
A VECES TOCA SER ÁRBOL
En la cosecha de los días en esta estación cuando se abona la espera y las semillas se esparcen sin conciencia a veces toca ser árbol anclarse a la tierra con raíces sobrias penetrar en las entrañas vivas y hacer surcos sigilosos. Toca cerrar las manos aceptar sin remedio que las hojas son distintas y lo más concreto aquí es la hojarasca que nutre desde abajo. Entretejar el ramaje como la salvación de la caída ser efecto de una piel que muda una piel que sale sonrosada, verde nueva. A veces toca ser árbol permanecer al lado en silencio dar fruto en su tiempo y morir de vez en cuando creando círculos con años reflejos de la vida consecuencias del tiempo.
VERANILLO DE SAN JUAN
A papá Ronulfo
Creo que vino de la tierra con la serenidad que emerge de las semillas. Su nombre era una mezcla de arrugas y manos que sacaban cada tarde un recuerdo de su sien. Me dijo que en algún país los pájaros no se quedaban encerrados, los pájaros salían a comer sus siembras y se dormían en las eras solitarias. Así como cavaba túneles para llenarlos de sol y agua así jugaba a ser un corredor nostálgico de los que se van enredando como hierba.
Y de tanto crecer llegó al cielo. Si vino de la tierra era entonces la tierra, la que hacía dar frutos en mi pecho con cuentos y canciones cosechadas. No me dijo si era pobre o si los nombres de los años llegaban y se iban como estación lluviosa, como veranillo de San Juan.
Vino de una semilla, del quelite.
Vino en un recuerdo para arar mis noches.
Y NOS CRECEN FLORES EN EL ROSTRO
Nunca debe haber un par de ojos cerrados cuando las raíces de la calma van quemando el cuerpo y la cordura siempre he dicho que un árbol nos recorre y se despunta en flor como un verano siempre que le podan las mentiras.
Me plantaron en una tierra agria de esas que adormecen todo fruto no me dejaron preñarme de sol y agua no me dejaron vibrar con los colores pero al final del día llega alguien de esos algunos que no sabemos y se pone al lado, a crecer conmigo, a esperar que nos recoja la siega.
En las manos hay savia un cúmulo de flores en el rostro y nos crecen, nos invaden nos convierten en envidia de quienes no cosechan pétalos nos hacen humanos cuentan si los quiero, si no los quiero.
Al final termino en la misma tierra llena de ojos, de margaritas de un verde cauteloso.

Comentarios
Publicar un comentario