ISABEL ARROYO CALVO
Nació en Alajuela, Costa Rica. Estudió Periodismo en la
Universidad de Costa Rica.
Ha publicado cinco libros de poemas: Poemas al aire libre, Huellas para el silencio, Al rasgar la piedra, Abecedario en la tormenta y Presagios de arena. También publicó en la revista de la Red Némesis una breve antología de sus libros, llamada La Quintaesencia, y ha participado en varias antologías nacionales e internacionales. Formó parte del Festival Nacional de Poesía de Costa Rica 2020.
Tiene en Facebook, la página IDEAS De Juglar, con su poesía, así como temas filosóficos y científicos.
Actualmente es autora en Wall Street International Magazine.
Y BUSQUÉ MI
NOMBRE
Y busqué mi
nombre por entre la hierba,
recorrí montañas, miré las gaviotas,
y miré mi sombra como llaga abierta
y miré mi nombre sediento de sueños.
Soñé con el mar
que se hacía espuma,
soñé con la noche abriéndose en mi rostro.
La noche carcomió auroras y besó mis labios,
vislumbré la ausencia que moría en mi almohada.
Fui a buscar mi
nombre por entre la hierba,
vi el mes de abril morir en mis manos.
Hoy me abrazo a la
vida
como árbol cansado que pide a Dios la lluvia,
mientras un desierto inhóspito rompe la alborada
y hay un ruido de alas abriendo mi ruta.
Fui a buscar
mi nombre
y moría la aurora,
me abracé a la noche, besé la penumbra.
Grita mi dolor por entre los árboles,
hoy llamo a la lluvia para que confunda
su voz con mi aliento.
La Tierra
palpita,
el verso se enquista y muere entre espinas,
mientras muchas flores cantan imprecisas
al árbol dormido que creció en la noche.
Fui a buscar
mi nombre por entre la hierba,
la Tierra palpita, abraza el poniente,
esa luz que nace adivina voces,
es verso vibrante que mi alma recoge.
LLUVIA,
GOTA DE PLACER
Lluvia, lluvia, lluvia.
Lluvia, elemento sinfónico,
una mano antorcha en equilibrio eterno,
lluvia, como decir Tierra,
tu nombre, voz de Afrodita
sobre los campos desiertos.
Amante de los truenos,
amante de los hombres.
Lluvia nazarena,
llanto solar sobre la arena,
quebradura del viento,
ojo latente en la espesura del amor,
rosa danzante, rosa rota, azucena.
Lluvia de los huracanes
sobre las manos despiertas,
eres el viento, amor de las nubes
que se enroscan para abrir los sueños,
palancas de ideas de suave renacer.
Crepúsculo de fría desnudez
entre los cuerpos sedientos,
lluvia,
llévame en tu noche de suaves
meridianos.
libérame de esta oscuridad
noble mensajera, luz de los mañanas,
gota de placer.
Trigo que vibra en las manos abiertas,
marea de sosiego en los naufragios,
acércame tu paz.
NOSOTRAS Y LA TIERRA
Soy raíz,
he penetrado el secreto profundo de la Tierra,
asomo a sus pétalos nocturnos y descubro
su penumbra penetrando en mis cauces.
Miro la gota de rocío
que derrama el cielo al abrazarla
y pienso que la Tierra guarda su quejido
dentro del fuego perenne de su entraña,
como mujer que desafía las fronteras.
Las nubes derraman su lágrima
cuando la tormenta lanza el rayo caprichoso
que hoy nos conmueve.
Te miro, diosa de las cumbres,
girando imprecisa sobre tu propia sombra,
abriendo meridianos,
deshojando el ecuador entre tus ramas,
cuando despiertas con el ruido del dolor
sobre tu falda.
Eres raíz, eres mujer,
has penetrado los celajes y me has bañado
en tus saladas aguas,
te viertes como madre
en medio del plástico voraz
que ahoga tus entrañas.
Es tu vientre, Tierra,
la palabra última y primera
que nos permite respirar cuando agotados
nos acoges bajo tu sombra
mientras las olas liberan el aire marino
y nos hacen ver, que eres ese paraíso
que aún no hemos perdido.
Tierra amada,
hoy gritas nuestro grito liberándote,
abriendo brecha en el precipicio
que consume nuestro nombre.
Por eso, nosotros mano a mano,
arrancaremos la derrota.
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