Algo sobre mi vida
No sé si decirles que soy iconoclasta
de nacimiento o si contarles que soy periodista de profesión, pero acuarelista
para rescatar el asombro, actriz por vocación, escritora por necesidad y poeta
para salvaguardar algo de mi cordura.
Aquí estoy, ubicada y establecida
sobre este presente, después de haber deambulado por la Plaza Roja moscovita,
Las Ramblas de Barcelona, Sabana Grande en Caracas, y después de también haber
degustado de ríos, nieves, mares, plazas y bazares en muy diversas latitudes.
En el presente, y desde hace más de
dos décadas, vivo la experiencia del bosque tropical lluvioso de las Selvas
húmedas de Sarapiquí, estética que plasmo en mi pintura y en mi poesía.
Y hoy quiero contarles que me gusta
estar aquí, en esta página, compartiendo con ustedes mis banderas y rescatando
el color y la palabra. Desarraigada pero completa.
Por qué Acuarelas y Poemas
La acuarela y la poesía son un
binomio en mi vida. Ambas se enriquecen del diálogo y retan al monólogo. Pintar
a la acuarela no es un acto solitario. Es comunicación con elementos que proponen,
como en la vida, en la que las acciones propias se unen a las propuestas
externas. En este caso, aparte de los “sentires” y la intención, en la acuarela
dialoga el quehacer del agua con el papel, el grano del pliego con los
sedimentos del alma y los sedimentos del color. Y también en el poema, la
palabra se manifiesta a través de veladuras, se tamiza con las propuestas de la
otredad y se afirma con las texturas de lo vivido.
Más sobre la
autora, en datos personales y profesionales
Mariamalia Sotela nace en San José
Costa Rica en diciembre de 1945. Su niñez y adolescencia transcurren en
Barcelona, España, donde cursa estudios primarios y secundarios desde 1950 a
1961. Es Licenciada en Ciencias de la Comunicación Colectiva por la Universidad
de Costa Rica. Amplia experiencia como periodista de prensa escrita y
televisión. Poeta, escritora, acuarelista, incursionó también con éxito,
durante varios años, en el teatro profesional, tanto en nuestro país, como en
Caracas, Venezuela, donde residió durante tres años y tuvo la oportunidad de
trabajar con grandes directores como Juan Carlos Gene, argentino, y Enrique
Porte, venezolano.
Vivió en Barcelona, España, cerca de
14 años. Se ausentó del país nuevamente, en edad adulta, para afincarse en
Moscú, como Agregada Cultural de Costa Rica, de 1975 a 1978. Luego reside en
Caracas, Venezuela, desde 1978 a 1982.
Ambas permanencias fuera del país, unidas a su infancia y juventud en
Barcelona, imprimirán particular carácter a su obra. Cuatro hijos - dos mujeres
y dos hombres- así como dos matrimonios, han enriquecido su vida. Su cercano contacto con la naturaleza, la
enraíza en los ríos y montañas de la selva húmeda costarricense. La suma de
esas vivencias enriquece su bagaje, y ese haber se pone de manifiesto en su
creación artística, tanto en su obra plástica como literaria.
Trabajó 10 años en el diario La
Prensa Libre, dirigiendo las páginas y suplementos culturales. En los años 70,
fundó y co-dirigió el Suplemento Cultural Forja, del Periódico Universidad, de
la Universidad de Costa Rica, lo que la mantuvo en estrecho contacto con
intelectuales y creadores de la época. Tuvo a su cargo el curso de Crítica de
Arte de la Escuela de Ciencias de la Comunicación, y de Sociología de la
Comunicación, también en la Universidad de Costa Rica. Al inicio de los años 80, Mariamalia fue Productora y
Directora del Programa OPINION, de Canal 13, programa en vivo, de contenido
multi cultural, ampliamente polémico, con línea abierta.
Libros Publicados: Ciudad de Cáñamo, 1.974, de Editorial
Líneas Grises del Círculo de Poetas Costarricenses; Memoria del Desencuentro,
1.981, de Editorial Costa Rica, reeditado en el 2015 por EDINEXO; Piel
inconforme, poesía, de BBB Producciones, 2014; Abordajes, Poemas y Acuarelas,
de EUNED, 2020. De muñecas de trapo y papalotes, libro de cuentos infantiles,
publicado por Clubdelibros.
Premios: Certamen de Poesía Femenina Ilustrada, del Museo de
Arte Costarricense y Embajada Argentina en CR, 1984; Premio José Marín Cañas,
Rama de Poesía, Colegio de Periodistas de Costa Rica, 1989; Premio José Marín
Cañas, Rama de Cuento, Colegio de Periodistas de Costa Rica, 1989.
Antologías:
Palabras de Mujer, compilación de Linda Berrón, 1982; Pregoneros de la
Memoria, compilación de Delia MacDonal, 2006; Memoria de Aracari, compilación
Festivales de Poesía 2015 y 2016; Líneas de Mujer, compilación editada por la
ACE, Asociación Costarricense de Escritoras; Palabras Viajeras, Antología
Bilingüe, 2020.
Exposiciones:
Tiene a su haber dos exposiciones individuales
en Costa Rica y numerosas muestras colectivas, tanto en Costa Rica como en
otros países. Su obra ha sido seleccionada para participar en prestigiosas
ventanas internacionales, como en Fabriano Italia, en Japón, en México,
Eslovaquia, República Checa, Vietnam y EEUU.
Es miembro de la ACA, Asociación
Costarricense de Acuarelistas, y de la ACE, Asociación Costarricense de
Escritoras, de la que fungió como Presidente del año 2012 al año 2014.
El amor por la palabra le viene de
familia. Con tinta en la sangre desde sus ancestros, es nieta de José Borrasé
Rovira, periodista, fundador del diario La Prensa Libre, y nieta del académico,
pensador y poeta Rogelio Sotela Bonilla.
Al río le nacieron flores!
Ay! Con tu cara de indio, don Alberto
Ay! Con tu cara e indio...!
Al río le nacieron flores, me decías con alma
de poeta y de niño que viajó por el río desde
siempre
y vio al río parir flores de balsa
y de sotacaballo a caballo y en cayuco
(Alberto era pequeño como un gran tótem
pequeño y fuerte como dos albertos al menos)
(Alberto tenía ojos de alberto, como los gatos
para ver en la noche
así él,
como en la noche, en el día, a la orilla del río)
(Alberto tenía oídos de trueno en la lluvia y
oídos sigilosos
como de
susurro en los pastos, para ver en los potreros)
(Alberto tenía manos de águila para temer
a lo que no tenía
y espalda de
búfalo para lo ajeno)
No tenía memoria
de tanto
pasado,
Alberto
¡Perdón, bosque...!
No sé cómo empezar a
contarte los secretos
de los hombres y mujeres que vamos
poco a poco
robando tu casa.
No sé si decirte cómo echan a suertes el ángulo de la caída del nido del
carpintero y cómo se calcula apenas el tiempo justo para decirle al
perezoso... -Corre por tu vida… ¡quizás esta
sea la última vez!
Y cómo decir… perdón, Morpho por quitarte la sombra inasible, la mágica
estela azul que nos regalas, para
siempre, en los ojos,
tan para siempre que te quitamos
las alas y aún nos quedas.
Y tus bromelias, osadas, arriba, esa copa del néctar de las aguas
asomando su flor como una lanza a
punto de defensa,
a punto de caer, para siempre, a corazón abierto.
Arboles Padre: no lloren por sus hijos. No están más.
Ramas amigas, estrechen esos brazos de lianas en cadena
interminable para la vida, terminada
por una cadena de motosierra
con permiso.
¡Pónganle sordina para, que no la oigamos!
¡Pónganle sordina cuando caiga el árbol,
cuando vuele el ave,
cuando llore el cielo
sobre el árbol bajado de su luz y
de sus años!
¡Pónganle sordina para que la lluvia pueda cantar
un canto apenas musitado
para cada rama
para cada hoja
o un canto sólo para el tronco
según el tiempo de la lluvia en ese día
¡y que la podamos oír!
Que el cielo no se abra en azul. Que se espere.
Que la bromelia sostenga su agua siempre hacia arriba, milagrosamente
siempre hacia arriba, a punto de beberse.
Y que la beba el cielo toda, y que se esconda en la niebla.
¡Que no la vean, que el cielo guarde el agua, que la arrebate…!
por si cortan más,
por si caen más,
por si vienen más cadenas de motosierra con permiso
con sorda sordina desencadenada
en soltar
en volcar
en no sostener
en separar al pájaro del árbol,
al nido de la vida, a la flor de la raíz, a la raíz de la tierra,
a la tierra de la tierra de verdad...
Mientras, el Arbol Padre, en el
día de la corta, abraza, suma, calcula, encierra, lanza quelites y
lianas para atrapar, se
retoña, se retuerce, se esconde en los
nidos... ¡Casi canta su llanto!
Ay, Dios... ¡Dale más ramas ese día...!
(Del poemario Piel Inconforme)
YO LE DIJE A LA MONTAÑA…
Mar de piedra
ola azul de cartón que amo.
Mira a la ciudad en codiciosa espera.
Quiere morder tus colinas
arañar tus raíces
beberse el agua de tus ríos.
DIJO COMO EN ECO LA MONTAÑA…
Ciudad adolescente
tendida de falda a falda
Un pentagrama de cables con pájaros
que cantan
te redime.
Antes tenías al menos una palmera
en tu corazón.
El
guácimo aquella mañana
¡El
guácimo se nos está muriendo, don Alberto!
¡Se nos está muriendo el guácimo!
¡Llamen a Alberto para que le atajemos la vida al
guácimo!
¡Se nos está muriendo!
Y
cómo se morirá, tan imponente…
¿Caerá todo el estruendo
una mañana con
todos los pájaros adentro?
No
quiero ver sus ramas que eran verdes
cargadas de marrón, de ese sorpresivo
rojo inglés en medio de la selva.
Y
todo el engranaje de oropéndolas y los tucanes
¿a dónde habrán de irse…? Y las bromelias con toda su
ofrenda de agua para casi siempre
y las heliconias nacidas en el suelo fértil de sus
ramas
y las escaleras de orquídeas diminutas y
el esplendor de las otras y las semillas, tantas
y los árboles nuevos nacidos en los puentes
de musgo por donde transita, en las noches, lo
desconocido
¡A dónde! ¿A
dónde habrán de irse…?
A dónde la neblina entre sus hojas
A dónde los brotes por nacer
¿A dónde…?
Alberto
Pídale a Dios,
que no le duela… ¡que se lo lleve entero!
Ví mi nombre en el centro de sus ojos
y sabiduría ancestral en el hueco de sus manos
extendidas
cuando dijo:
No se
está muriendo.
Es la
flor del guácimo.
Esa
flor como hojas secas
que llegó.
La
flor del guácimo nos visita.
El viejo guácimo está entero florecido.
Las acuarelas
Fotografía
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