Nacida
en 1977 en Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires, Argentina. Licenciada y
Profesora en Letras de la Universidad de Buenos Aires. Diplomada en la
Enseñanza de Español como Lengua Segunda y Extranjera por el Laboratorio de
Idiomas de la misma universidad, área en la que se ha desempeñado como
profesora durante varios años. Graduada del Master Internacional GEMMA en
Estudios de las Mujeres y de Género con doble titulación, por la Università
degli Studi di Bologna, Italia, y la Universidad de Oviedo, España. Candidata a
Doctora en Literatura por la Universidad de Buenos Aires. Empezó a escribir a
temprana edad, en 1994 obtuvo el Premio Nacional de Poesía de la Manzana de las
Luces, habiendo auspiciado de jurado el hijo de la reconocida poeta Alfonsina
Storni. Mención de Honor del Instituto Cultural Latinoamericano en el “V
Concurso Internacional de Narrativa 2008”. Tercer
Premio del Concurso Literario para Docentes en Actividad 2008 de la SADE
-Sociedad Argentina de Escritores-. Mención Especial del “Concurso de Poesía
Julio Arístides 2009”. Reconocimiento Especial 2019 del “II Concurso de Poesía
Matilde Espinosa” de la Corporación Universitaria Unicomfacauca, Colombia. En
2008 publicó el libro Contigüidades: Un
mundo, por la Editorial Botella al Mar (Buenos Aires). Ha participado en
diversas revistas literarias, nacionales e internacionales, y en antologías
poéticas, entre ellas: Poesía con todas
las luces (1995) y más recientemente en IXQUIC
- Antología Internacional de Poesía Feminista- (2018), compilada por la
poeta chilena Daniela Sol y publicada por Editorial Verbum (Madrid). En la
actualidad prepara su segundo libro de poemas bajo el título Intemperies de la memoria.
Parir en el monte
Para
no dar a luz ausencia
se
refugió en el monte.
Otras
mujeres escaparon con ella,
preñadas
de miedo y silencio.
Vetustos
uniformes a caballo
las
buscan,
día
y noche
persiguen
su miedo,
las
huelen como perros a su presa.
Las
mujeres se aferran
con
manos temblorosas
al
vientre hinchado, repleto,
amansando
el ansia de la espera.
En
el monte
los
meses pesan años.
Atrás
quedó El Potrillo,
pueblo
sofocado de carencias,
donde
el poder es un feudo
tan
letal como el virus…
crece,
muta,
abraza
tiempos inciertos
y
se apropia de los vientres,
vientres pobres, vientres wichi.
Por
eso las madres huyen
con
su incipiente vida a cuestas,
buscan
parir libertades monte adentro,
un
niño o una niña
que
nadie aleje
y
presagie lo nuevo.
La muerte de una flor
La
vi embolsada en una ráfaga
que
soplaba con fuerza,
pasó
levitando frente a mis ojos,
una
flor en su tallo,
su
vuelo desaferrado anticipaba la caída,
aunque
el instante pareció eterno.
no
había sido culpable
de
aquella libertad contra-natura.
La
mano actuó en su defecto,
humana,
demasiado humana,
inconsciente,
quizás,
de
ese marchitarse que antecede la muerte.
Ya
nadie respeta la serena existencia
de
una flor,
la
silenciosa explosión del pétalo,
la
voluntad que nace
con
ese ímpetu que trasciende
la
fugacidad.
Su
paso breve
concede
belleza
al
ojo que la ve
y,
sin embargo,
la
mano
que
no cega el ojo,
arranca
su tallo.
Trema
la planta
que
llora su flor.
El
cielo se oscurece,
huele
a ceniza el viento.
La
caída conjuga el duelo,
la
pérdida…
uno
a uno
van
lloviendo los pétalos
del
aire,
uno
a uno,
como
dedos secos
de
una mano herida
al
reencuentro con la tierra.
Paola
Susana Solorza
Arde la tierra
y bajo la bruma rojiza
un manto de tristes cenizas
acaba con el bosque.
Ni siquiera el cielo
llora a sus muertos.
A grandes trancos,
de corteza añosa
y de flora herida,
camina una niña
abrazando pájaros.
Mira al horizonte
y el fuego
se refleja en sus ojos,
la llama late, titila,
se alimenta del aire.
A duras penas la niña
ensaya el rito del agua,
pero la gota no cae.
El fuego es una boca inmensa
devorando el paisaje.
Una mano que la niña desconoce
avivó su ira.
En territorio muerto
ya no crecen los cipreses.
Yermo este suelo,
donde todavía persiste la hoguera,
se debate entre lunas de agua,
y le ruega a la niña su última
dádiva.
Ella repite,
una y otra vez,
el rito…
hasta que una pequeña nube
se desploma en llanto.
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